Aunque voy a basar éste artículo en el dhcpd de Debian GNU/Linux (Sid), este puede encontrarse en cualquier distribución o sistema operativo, ya que es una herramienta bastante típica. En algunos casos vendrá acompañado por el cliente, dhcp, y en otros vendrán por separado (caso de debian).
La autoconfiguración es una opción bastante acertada en todos los casos, siempre dentro de las posibilidades de uno. Utilizar DHCP nos va a facilitar mucho las cosas y nos evitará perder tiempo cada vez que tengamos que configurar la red en una máquina. Si eres de los que no lo utilizas porque crees que sólo es útil si hay muchas máquinas, o porque crees que de este modo las direcciones IP cambiarán siempre, sigue leyendo.
El DHCPd del ISC (el que vamos a emplear para el caso) es altamente configurable, como iremos viendo. Además de las clásicas opciones de configuración, como distribuir direcciones IP, DNS, gateway, etc, nos va a permitir hacer configuraciones más particulares para que, por ejemplo, siempre le asigne la misma dirección a una máquina en concreto, o para que establezca su nombre. Así las cosas, tendremos las mismas características que configurandolo siempre manualmente, pero con la ventaja de que no tendremos que volver a hacerlo siempre que lo necesitemos.
Dicho esto, vamos al tema
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